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Ingeniería de Servicios para «culos inquietos»

Beatriz Santos Gullón

Estudiante de último curso en Ciencia, Gestión e Ingeniería de Servicios URJC

En primer lugar, hagamos las presentaciones oportunas: mi nombre es Beatriz (aunque solo me llamen así mis profesores); en unos meses estaré estudiando el cuarto y último año de Ingeniería de Servicios y dicen de mí, los que me conocen, que soy un ‘culo inquieto’, razón por la que me encuentro en este punto y escribiendo en este blog.

Antes de llegar a este novedoso y poco conocido grado hice mis pinitos en una ingeniería pura, de las de física, química y dibujo técnico. Pero duró poco, enseguida me di cuenta de que necesitaba más, que no me encontraba cómoda en un perfil tan rígido y que quería ir más allá.

Pronto me empezaron a gustar el mundo de las matemáticas y la tecnología, pero siempre les he buscado una aplicación práctica. Y que mejor fin que hacer más fácil la vida a nuestra sociedad y crear esas experiencias de las que nos hablan en primero de carrera y vemos tan lejos y poco tangibles pero que, prometo, se hacen alcanzables.

En mi afán por ir más allá, en segundo y cuando ya estaba instalada en el nuevo proyecto de la Ingeniería de Servicios, llegué a una asociación universitaria, UNION Campus. La universidad se me quedaba pequeña y buscaban Project Managers, así que pensé que sería una buena oportunidad para poner en practica algo de lo que ya empezaba a ver en la carrera.

El fin de la asociación era poner en contacto a los estudiantes con el mundo empresarial, crear un puente entre la universidad y las empresas que, en la mayoría de las carreras, es prácticamente inexistente. En nuestro grado es frecuente que nos ofrezcan seminarios, charlas o mesas redondas con responsables de empresas importantes como IBM, Meliá o Eulen (principales actores empresariales en el grado), pero en otros grados esto escasea.

La metodología de la asociación estaba alineada con la que siguen las startups y apostaba por trabajar con metodologías ágiles, lo cual me reafirmó en mi idea de que la Ingeniería de Servicios marca el futuro del mundo empresarial, los famosos Design Thinking o Scrum están a la orden del día y conocerlo y haber trabajado con ellos es una ventaja en nuestra carrera profesional.

Beatriz Santos

 

 

 

«La transformación es clara, los bienes no se compran solo como productos, los clientes quieren más: experiencias, valor».

 

 

 

 

Desde esta asociación empecé a moverme por el mundo de los hackathons pero aplicados a la mejora de servicios; que, para quienes no lo conozcan, son jornadas maratonianas en las que las empresas confían en talentos externos para poner a pruebas sus procesos y mejorarlos o generar ideas innovadoras que desde la propia empresa no han logrado concebir. Y, casi siempre, buscan jóvenes talentos con visiones descontaminadas del mundo empresarial, cargados de energía, con perfiles interdisciplinares pero con orientación tecnológica y, sobre todo, sin pudor a decirle a una gran empresa como AXA, una ‘big four’ como EY o al grupo BNP Paribas lo que creen que deberían mejorar o nuevos productos que podrían encajar en su cartera.

Mi participación en algunos hackathons, con distintos fines pero la misma metodología y, el contacto con una consultora de estrategia que debió ver en mi perfil algo atractivo, me llevaron a ser una de los 27 elegidos jóvenes talentos para rediseñar la banca del futuro con el grupo BNP Paribas.

BNP Paribas es un banco francés y uno de los principales bancos de Europa y, en diciembre de 2019, apostó por plantear este reto para finalmente seleccionar a 27 talentos que participaríamos en un intenso hackathon; donde el grupo pudo conocer de primera mano hacia donde va la banca percibida por nuestra generación y qué es lo que nos deben ofrecer en un futuro próximo. En este reto conocí perfiles muy diferentes, desde un estudiante recién llegado de Carolina del Norte que aun ni había finalizado su grado y ya ejercía como Key Account Manager en una empresa de delivery para cocina de alto nivel, a un abogado que se ha convertido en diseñador UX o un joven consultor del Banco Santander. El listón estaba alto.

 

Estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos en el hackathon de BNP Paribas

No sólo trabajé con mentes brillantes, sino que fue en ese momento cuando empecé a ver nuestro grado de forma diferente, a disfrutarlo y a intentar exprimirlo al máximo. Nosotros estamos ya en el camino, en ese camino que todas las empresas buscan emprender. Desde el primer día, sin darnos cuenta, empezamos a trabajar como las compañías quieren hacerlo.

Las metodologías ágiles forman parte de nuestro día a día en los proyectos y prácticas académicas, de tal manera que cuando llegamos a tercero de carrera y estudiamos toda la teoría en la que se fundamentan estas formas de trabajar y profundizamos en ellas, todo nos parece lógico, “de cajón”. Porque ya se han ido encargando de inculcarnos esta manera de pensar, de abrirnos la mente y convertirnos en profesionales multidisciplinares con una capacidad resolutiva pasmosa.

Los productos se ven rodeados por los servicios irremediablemente y es la Ingeniería de Servicios la que hace y hará posible esta migración hacia la nueva realidad que ya vivimos.

Y, sobre todo, somos nosotros, los ingenieros de servicios, los que debemos movernos y dar a conocer nuestra profesión, enriquecer nuestra carrera profesional más allá de las aulas para ganar experiencia y sumar a los que vienen por detrás o tenemos al lado en clase. Aún queda mucho camino por recorrer y mucho reconocimiento por conseguir, pero nuestra realidad está calando en las empresas y somos los ingenieros de servicios los que sabemos cómo gestionarla.

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